Sunday, December 26, 2010

( I got life - 2010 )

de las canciones que mejor describen este año de vorágines y tribulaciones, estremecimientos y sonrisas, de amistades y éxitos, de sorpresas y aprendizajes, de tanto tanto tanto...

Sunday, December 12, 2010

Pessoa

"Autopsicografia"

O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só que éles não têm.

E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão
Ésse comboio de corda
Que se chama o coração

—Fernando Pessoa

(erotónimos 2)

más descubrimientos:

Kelly watch the stars

Kellvis (is in the building!)

hay otra K que se encuentra por ahí, es la que aparece silenciosa, con su figura tremula desde la pared de la casa de algún desconocido. colgada en la pared. en un cuadro. pintada con colores que no son los suyos.


Saturday, December 11, 2010

erotónimos 2

Kelly de Aro es la que se escucha pero no se ve.

Sunday, December 5, 2010

(erotónimos, parte 1)

Com uma tal falta de gente coexistível, como há hoje, que pode um homem de sensibilidade fazer senão inventar os seus amigos, ou quando menos, os seus companheiros de espírito? - F.P.











Siempre sospeché de la existencia de heterónimos en mi vida. Y claro, Pessoa es uno de mis amantes nocturnos,

siempre está junto a mi cama, ávido de compartir unos suspiros a media noche. Pocas veces es Charles Robert quien se mete debajo de mis cobijas, más seguido Ricardo Reis me acaricia, Álvaro de Campos me susurra y Alberto Caeiro me seduce.

No solamente compartimos la bifurcación de nuestras vidas en personalidades múltiples que se desdoblan y que experimentan con perspectivas diversas, sino que compartimos un país, Sudáfrica, como parte de

nuestro devenir de la infancia.

Un amigo (H.O.) me regaló el sustantivo verdadero para presentar éstas, mis derivaciones propias, los erotónimos.

Kelly A.K. es la que escribe, la que aparece de pronto en una fiesta y baila y no sabe cómo presentarse porque su nombre es demasiado pequeño y baila más y se sonroja y habla y habla y después calla.

Kelly Aro es la otra, la que anda sin lentes, la que sonríe un poco más y habla un poco menos.

Pero hay más, no sé todavía sus nombres, pero las puedo dividir.

Ella es la que se entristece sin saber el porqué, tiene ganas de un abrazo y se abraza ella misma, apretándose el pecho por miedo a que se le salga un latido demás. Ella escribe poesía.

La otra salta y hace y deshace y no cesa en el movimiento constante de sus constelaciones internas. No sabe bien a dónde se dirige, pero continúa en el movimiento.

Hay más, lo sé, esta la que se autoseduce y está la que seduce. Está por ahí también la profesora con los brazos cruzados que nunca se sienta. También vive en mí una que nunca sale de casa, le tiene miedo a lo que se puede encontrar afuera.

Hay otra a quien le da miedo lo que se puede encontrar adentro.








Ésta, es una breve introducción a mis erotónimos. Los seguiré descubriendo y compartiendo.

Tuesday, November 23, 2010

(mis pies)









Tenemos una relación muy especial, mis pies y yo.


A veces los llevo a donde quiero ir, o son ellos quienes me llevan a mí.

A veces los maltrato con tacones de 15 centímetros, medias apretadas, ellos se quejan, con ampollas y cortadas. También los trato tan bien que los mando a un pedicure cada tanto, les pongo crema todas las mañanas y todas las noches, los masajeo y les platico mis sueños, por si se los perdieron.

Mis pies, son tan lindos que les compro zapatos, pero a veces, también me los compro a mí. Los calcetines gruesos, con monitos, les encantan. Las mallas no tanto.
Mis pies, son tan desastrosos que por más que los tallo, siempre están sucios, se enganchan a los pasos y adhieren memorias de la única manera en la que saben cómo hacerlo, por las plantas.
Son descalzos.


Descalzos viven.


Mis pies, descalzos, en libertad.

Y ellos, se erotizan solos y me dejan de lado,


no siempre quieren hacer un trío.

Monday, November 15, 2010

(la espera en el Reforma)

Sueño de la durmiente

La autora de La espera (Textofilia) se ha especializado en el mito de la bella durmiente. En este ensayo, se acerca a la obra de Kawabata, Rice y Jelinek y las connotaciones del sueño de una muchacha y su aura de erotismo. Concluye que la bella durmiente no es una mujer dormida, ya que "la primera emana un erotismo que hace que el otro reaccione, que produce en el otro una mirada, una expectativa y un deseo no cumplido". Un encierro en el autoerotismo de la que sueña.

Saturday, November 6, 2010

(penetración)

"Dance first. Think later. It's the natural order."
Samuel Beckett


I.

La sombra de las manos sobre mi piel, sus manos de sombra, despertaron,

Me despertaron,

amanecieron el que yo sentía, el que sienta.

Vibraciones se propagan,


IV.

Hasta dónde puede penetrar una sombra, que penetra cuando penetra y ciñe en el abrazo de tres citas fugaces, de un Kafka y un Beckett y un alguien más que ya no recuerdo bien.


III.I

No te lo dije, pero te leía mientras dormías, leía tus tatuajes y tu boca, tu respirar y las pesadillas de las que, quizá, te despertaría con el rozar de mi boca en tu boca. Te leía al dormir y te fuiste a un pasillo oscuro del que me llamaste y te llamé y volviste.

Te leía en tu dormir, tus manos caían, inertes, sobre mí,

Caían,

Y me aprisionaban (más) en el parpadeo que nuestros cuerpos formaron un poco antes.


II.I

Trémula, resuena dentro, en mi cuerpo, ¿mi pecho? Entre los pezones,

Justo debajo de un hueso que saluda desde siempre, protuberancia ósea que se siente al sentir.

Suspiro interno.


II.II

Mi cuerpo dice cosas,

Agotado,

suspira con réplicas de sombras.

Se me confunden los tatuajes de palabras entre el sudar ahora seco,

huele a un árbol recién cortado, madera fresca.

Huele a él.

Se confunde el azul de ese cielo sepia, ya oscuridad

y el azul del sepia resuena con los colores que traspasaban mi cuerpo un poco

antes.

Algo suspira dentro y no soy yo.

Y no escucho,

rememoro caricias de manos gigantes, un abrazo dentro del cual,

El mundo

Ya no era mundo.


III.II

Cuatro habitaciones. En la frontera.

Alguien dijo, se puede penetrar hasta el corazón.


V.

(se dice en voz baja para que no se pueda leer,

entre sus brazos

sombras

crepúsculo del cuerpo dentro del cual

resguardo

acobijada

suspiro)


(suspiro)

(texto atrapado dentro, sal, ya sal)


(me acurruco, no cada noche, pero sí algunas, en mi recuerdo de él)

Monday, November 1, 2010

(suspiro)

(







)

(La espera en la Jornada)

La espera: la seducción..., ensayo que se apega a la versión de Basile, más sexual y violenta

Analiza Kelly A.K. la permanencia de la bella durmiente en la literatura universal

Aún tiene algo que decirnos, por eso se sigue recreando, explica la autora en entrevista

Ericka Montaño Garfias
Periódico La Jornada
Lunes 25 de octubre de 2010, p. a12

El tema de la bella que duerme es constante en la historia de la literatura universal. Parte de una narración oral de Giambattista Basile, que se publicó de manera póstuma en 1634, y ha pasado por numerosas modificaciones, de Perrault a los hermanos Grimm, quienes le dieron una connotación más de cuento de hadas, hasta llegar a Yasunari Kawabata, Elfriede Jelinek y Anne Rice.

¿Por qué un tema y un personaje tan antiguos se siguen repitiendo? De esa pregunta parte la periodista Kelly A.K. para escribir su ensayo La espera: la seducción de las bellas durmientes, publicado por la editorial independiente Textofilia.

Todavía tiene algo que decirnos, por eso se sigue utilizando, recreando, para que existan tantas versiones contemporáneas del mismo personaje. Partí de ahí para la investigación, pero fue algo muy loco, porque, si bien se supone que en una investigación, en un ensayo tomas distancia: me di cuenta de que me estaba tocando puntos sumamente profundos, muy íntimos. Así, habla de la bella durmiente desde la perspectiva de la espera.

Ya había escrito un capítulo y no podía seguir con el segundo porque me quedé pasmada. Sentí que mi inconsciente me había hecho una jugarreta, que había decidido escoger un tema que inevitablemente iba a acabar en una investigación sobre un tema muy específico, como es el de la espera, que me toca a niveles muy profundos.

–¿Por qué?

–A nivel personal tengo una historia con un familiar a quien esperé mucho tiempo, desaparecido; fue vivir en la espera. La espera se vive en carne viva y yo la viví así. Unos meses después de que se resolvió comencé la investigación. De cierta manera tenía que entender, además de sentir, qué era la espera.

Fui una especie de durmiente, estuve en pausa un rato. Ahora siento que estoy en una vorágine, que estoy viviendo mucho.

Foto
De Basile a Perrault hay un gran cambio, se le quita el erotismo, indicó en entrevistaFoto cortesía de la escritora

La espera, desde el punto de vista no sólo de cuánto dura, sino de las expectativas que genera. Vamos construyendo en la espera, por eso cito mucho a Barthes, quien dice que la expectativa que creamos del otro nos trastorna.

La bella durmiente espera, al menos en las versiones modernas, a que el príncipe la salve. Tendida en una cama pareciera que no le toca hacer nada más que aguardar, cuando en realidad ella es quien mueve al héroe a la acción.

–¿El verdadero héroe de la historia no es el hombre, sino esa mujer que yace?

–Exacto, nos equivocamos de héroe: ella es la heroína, y es mucho más activa de lo que parece. Es como la mujer mexicana: parece pasiva, que no hace daño, que no mata ni una mosca, cuando realmente somos de armas tomar.

La historia cambia según la época o el país. Nace en la literatura con Basile, quien retoma una vieja leyenda. “De Basile a Perrault hay un gran cambio: se le quita la sensualidad, el erotismo. Hay que entender que en un principio no existía la noción de cuento infantil. Nosotros lo vemos así, pero realmente eran cuentos orales. Yo me apego más a la versión de Basile, que es mucho más sexual, violenta, tiene más carnita.

La de Perrault es más ñoñona, y los hermanos Grimm lo transforman en un cuento mucho más fantástico. El primero no lo es, es el lino, la cuestión del despertar, las hadas aparecen para ayudarla a amamantar, no hay embrujos ni brujas; lo del lino enterrado es una cuestión de mala suerte. En las versiones contemporáneas ya hablamos de otra cosa.

Así, cada versión, con elementos distintos, aporta a la configuración del personaje de la bella durmiente. Cada autor le da otro matiz; es un espejo distinto.

http://www.jornada.unam.mx/2010/10/25/index.php?section=cultura&article=a12n1cul

(así suena el cuerpo al volver)

y una canción hace estertores en una escala richter que no se menciona en voz alta...


Tuesday, October 26, 2010

(la espera en La Razón)

Novedades Editoriales

(Carlos Olivares Baró)

¿Una mujer duerme y la mirada masculina
la posee? ¿Una mujer duerme y el deseo
se sublima? Hay un misterio en la bella
durmiente, no en la mujer dormida. “Quiero ser de-
terminante en eso; mi ensayo trata sobre las bellas
durmientes, no de las mujeres dormidas…”, aclara ca-
tegórica Kelly A. K. (Ciudad de México, 1981) cuando
le pregunto la diferencia entre una mujer que descan-
sa, que dormita, y una bella durmiente. La espera. Se-
ducción de las bellas durmientes (Textofilia Ediciones,
2010), ensayo que aborda el mito de las bellas dur-
mientes con apremiante inteligencia especulativa.
Texto que se convierte en un instigador análisis del
acto contemplativo. Eros y mirada. Eros y ensoña-
ción. Eros y prórroga. Eros y silencio. Kawabata, Anne
Rice, Almodóvar, Murakami y Elfried Jelinek en la re-
creación de la leyenda que nos sedujo en la infancia.
Kelly A. K. emprende un viaje por las motivaciones del
príncipe y los hechizos del sueño. Las bellas durmien-
tes sometidas a los influjos de la avidez masculina
(beso mágico, mirada, aguardo, recogimiento…). La
bella durmiente: metáfora que enaltece la virilidad.
Lo más interesante de este libro es su prosa hilvanada
en los territorios de las pausas y las sordinas. Atrac-
ción y expectativa. Atisbo y redención. Ceremonia y
disposición. Entregamos a los lectores un fragmento
de este sugerente cuaderno.

En primer lugar, ¿cómo puede una mujer dormida
convertirse en una bella durmiente?, ¿de qué
manera sucede esta transformación?, y, ¿qué es
lo que tiene una mujer dormida que hace que se
transforme en una bella durmiente? El narrador
comienza a responder esas preguntas dentro de
su texto: “Ninguna mujer, por hermosa que fuera,
podía ocultar su edad cuando dormía”. Una mujer
dormida no miente. Ésta, se vuelve bella durmien-
te al momento en que en su sueño es absolutamen-
te vulnerable pues en el sueño todas las máscaras
caen. La aseveración conduce a otra pregunta,
¿cómo puede una mujer dormida, una joven en el
apogeo de su lozanía llegar a ser aún más deseable
cuando está sumergida en el sueño, cuando no
se mueve ni reacciona?, ¿ se vuelve deseable al
momento de transformarse en una bella durmien-
te?, ¿es deseable por ser prohibida, inaccesible? El
texto responde:

Ahora vengaría en esta muchacha esclava,
drogada para que durmiese, todo el desprecio y
la burla soportados por los ancianos asiduos de
la casa. Violaría la regla de la casa. [...] Esperaba
despertarla mediante la violencia. Pero se apar-
tó de improviso, porque acababa de descubrir la
clara evidencia de su virginidad.

Por Carlos Olivares Baró

Ficha técnica
título: La espera
autor:
Kelly
A. K.
Editorial: Textofilia
Ediciones, 2010
Género: Ensayo
Páginas: 100 páginas
Precio: 159 pesos

carlos.olivares.baro@hotmail.com

Monday, October 18, 2010

(La espera en la crónica)

La historia original de la Bella Durmiente no tiene una bruja y príncipe, es más bien XXX
Juan Carlos Talavera | Culturas
Lunes 18 de Octubre, 2010 | Hora de creación: 00:51| Ultima modificación: 02:22



Análisis. El ensayo es publicado por Textofilia Ediciones.

El verdadero origen del clásico infantil La Bella Durmiente se encuentra en una versión “triple equis” que el escritor italiano Giambattista Basile transcribió en 1634 y que tituló El Sol, la Luna y Talia, donde una mujer dormida es violada. Lo particular de aquella historia es que la Bella Durmiente no se pincha el dedo con una rueca, ni es embrujada por un hada maléfica, tampoco existe un príncipe encantador y menos aún un beso, señala Kelly A.K.

Pero la Bella Durmiente es un personaje que hasta ahora no ha sido agotado y así lo demuestran dos Premio Nobel: el japonés Yasunari Kawabata y la austriaca Elfriede Jelinek, así como los estadunidenses Anne Rice y John Irving, e incluso el afamado Haruki Murakami, quienes en su literatura han retratado bellas durmientes desde distintos ángulos, explica la autora en su ensayo La espera. Seducción de las bellas durmientes, publicado por Textofilia Ediciones.

Para Kelly A.K., las bellas durmientes son objetos depositarios del deseo del otro, pero al mismo tiempo depositarias de su propio deseo; heroínas, personajes engañosos que ocupan el papel principal de todas las historias, y un enigma por lo que provocan, ya que no se sabe qué sucede con estas mujeres que no hablan, no se mueven y se ven envueltas en un viaje.

AURA Y MISTERIO. Las bellas durmientes son un misterio, “y sin embargo, el que una mujer se encuentre dentro de un sueño profundo hace que no sea una mujer realmente, sino simplemente el esbozo de quién podría ser despierta”. Al final esta mujer se convierte en la heroína de la historia y no así el príncipe como muchos piensan, señala la joven autora.

Una característica de la mujer dormida es que no se le puede tocar. Se le ve, se le contempla e incluso puede ser espiada, pero se le respeta, y en opinión de Kelly A.K., esto se debe al concepto del aura de Walter Benjamin, dado que las durmientes son seres que sólo existen para ser contemplados y “forman parte de una ceremonia nocturna donde son intocables aun cuando es posible tocarlos intrínsecamente”.

Propiamente el género de las bellas durmientes existe, señala la autora, y aunque no se menciona en el ensayo, apunta que también existen bellos durmientes, como narra John Irving en El mundo según Garp, donde cuenta la historia de un hombre dormido y cómo una enfermera lo viola. Esa sería la versión masculina, explica.

En el texto, la autora analiza tres piezas esenciales del mito de la Bella Durmiente: La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata; La muerte y la doncella, de Elfriede Jelinek, y Trilogía de la Bella Durmiente, de Anne Rice.

Y la importancia de la Bella Durmiente se encuentra en su reflejo “porque la literatura es una forma de espejear el mundo real, una manera de contemplar de forma distinta lo que tenemos a nuestro alrededor, y una manera de crear una perspectiva distinta. No hay bellas durmientes ni príncipes como tal, sin embargo, es una manera distinta de ver a mujeres y hombres”, concluye.

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=538622

Saturday, October 16, 2010

(la espera en el universal)

El UniversalKioskoLetras + Artes
Vistazo al mito de la bella durmiente
El libro La espera (Textofilia Ediciones), de Kelly A.K., es un ensayo basado en La bella durmiente, una historia con una fórmula que, según ella, ha sido repetida en varias versiones y que muchos recuerdan a través de Disney

AUTORA. Publica su primer libro en Textofilia Ediciones (Foto: ESPECIAL de Paola Tinoco )


Sábado 16 de octubre de 2010
Patricia García | El Universal

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clínica de periodismo

El libro La espera (Textofilia Ediciones), de Kelly A.K., es un ensayo basado en La bella durmiente, una historia con una fórmula que, según ella, ha sido repetida en varias versiones y que muchos recuerdan a través de Disney.

Kelly basó su libro en la tres versiones occidentales más antiguas: El Sol, la Luna y Talia, de Giambattista Basile, y las dos adaptaciones de ésta realizadas primero por Charles Perrault y posteriormente por los hermanos Grimm.

Mediante su análisis, Kelly muestra en su ensayo que las bellas durmientes se vuelven las heroínas de la historia, e induce a reflexionar sobre diversas cuestiones; entre otras cosas nos presenta bellas durmientes que son violentadas, pero a su vez son ellas mismas quienes se vuelven violentas al despertar los deseos más íntimos en los príncipes.

Para Kelly la espera tiene dos connotaciones: tiempo y expectativa. Al respecto, la autora plantea que en el momento en que llega lo que esperamos nunca se llenan los “huecos” que vamos a tener y por ello supone que a veces es más rico quedarse en la espera.

En entrevista con KIOSKO, Kelly comenta que desde pequeña había sentido una fascinación por la historia de la bella durmiente, y que al final se dio cuenta que su ensayo también había tenido que ver con algo que ella vivió.

Kelly dice que, a diferencia de la mujer dormida, la bella durmiente es aquella mujer que sabe que puede producir erotismo, que se seduce a sí misma sin que necesariamente seduzca al otro, que se sabe poderosa y autónoma, por lo que su erotismo se vuelve activo a través de la reacción que puede provocar en otro. Añade que el que se le llame “bella durmiente” no implica que por fuerza esté dormida, ya que puede tener un sentido real o metafórico.



Y hay bellos durmientes

La autora comenta que también puede haber “bellos durmientes” y cita un ejemplo en la vida real: cuando nos relacionamos a través de internet, donde creamos al otro y nos recreamos a nosotros mismos, creamos expectativas y acturamos hasta cierto punto de manera muy ansiosa ante la posibilidad de recibir el mensaje esperado por mail, por un mensaje en Twitter o en Facebook.

Durante la entrevista, la autora explica: “escribir para mí es una necesidad, si no escribo me ahogo”. Y cuando se le pregunta qué haría si de pronto un día ya no pudiera escribir, responde que pintaría y que siente un poco de envidia hacia los artistas gráficos, pues de alguna manera el escritor y el pintor hacen casi lo mismo; sin embargo, lo de ellos es visual e inmediato para el receptor, mientras que los escritores necesitan a un lector activo.

El pasado miércoles, en la Casa Refugio Citlaltépetl, el escritor Andrés de Luna y la narradora Ana Clavel presentaron de una forma muy original y a manera de entrevista La espera, el primer libro de Kelly A. K., quien yacía en un diván como si ella misma fuera una “bella escribiente” contestando a cada uno de los cuestionamientos de sus presentadores.

Durante la original presentación, Ana Clavel comentó que la mirada es una caricia más profunda que el tacto; y al final, entre risas, la autora de La espera aseguró: “esta noche me sentí muy acariciada”.



El libro de Kelly A.K. se presentará mañana domingo en el Foro Juan Gelman de la Feria Internacional del Libro del Zócalo, a las 11:00 horas.




http://www.eluniversal.com.mx/cultura/64034.html

Friday, October 15, 2010

(La espera en el porvenir)

Trae a Monterrey un ensayo erótico



Por: Guillermo Jaramillo Torres, Martes, 12 de Octubre de 2010


Kelly Aro visitó por primera vez la Feria Internacional del Libro Monterrey para presentar su libro "La espera: seducción de las bellas durmientes".
Kelly Aro visitó por primera vez la Feria Internacional del Libro Monterrey para presentar su libro "La espera: seducción de las bellas durmientes" editado por Textofilia, donde la espera es uno de los elementos más sobresalientes para una princesa.

"Parte del objetivo del libro es que seduzca, por eso la seducción de las bellas durmientes, es un ensayo erótico.

Creo que todas las niñas crecimos con Barbie y con Disney, y quien lo niegue lo está negando", señala Aro.

Perteneciente a una generación de las princesas como la Bella Durmiente o Blanca Nieves, Aro recuerda que se divertía en serio al ver este tipo de cintas cuando era pequeña.

Uno de sus personajes favoritos es el de Maléfica, la villana de "La Bella Durmiente", y tanto le fascina a Aro que el libro abre con una cita en voz de este personaje.

Una vez que se trazó el proyecto de contar una historia con base en estas versiones de Disney fue cuando la investigación se hizo presente, investigación profunda que la llevó a encontrarse con versiones antiguas, como es el caso de la versión de Bassil que no tiene algo que ver con la versión conocida de los Hermanos Grimm, quienes limaron toda la sensualidad y sexualidad de la narración para llevarla a un cuento para niños.

El libro cuenta con una bitácora o diario personal que se transforma en un diálogo más personal, que al final se une con el texto literario.

Es así como decidió si mostrarse ella como autora dentro de esa literatura que revela.

Esta bitácora fue escrita a la par del texto y contaba con una diferencia en cuanto al tono, pero al final se vio unido al corpus principal.

La espera

Uno de los aspectos que más resaltan en el libro es la condición de espera que nos hace recordar inmediatamente a dos personajes de la historia de la literatura, como es el caso de Blanca Nieves y la Bella Durmiente.

"La espera es todo, todo el tiempo estamos esperando. “El ahora no existe, es interesante y lo puntualizo en el libro que en español tenemos un gran problema con la palabra espera, porque esperar tiene dos connotaciones que en inglés no las tiene.

To wait, es esperar en cuestión temporal, y expectation es esperar también", apunta Aro.

(la espera en Universia)

NOTICIA : FASCINACIÓN POR LAS BELLAS DURMIENTES

La espera. Seducción de las bellas durmientes, de Kelly A. K.
14/10/2010

¿Por qué son fascinantes las bellas durmientes? En este ensayo, la autora explora diversas versiones de esta historia

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La espera, seducción de las bellas durmientes, es el primer libro de Kelly A.K.
La autora explora diversas versiones de esta historia: desde las clásicas hasta las adaptaciones contemporáneas de Kawabata, Anne Rice y Elfriede Jelinek para indagar sobre el problema de la espera y la carga erótica
Kelly confronta los fantasmas del erotismo con los ojos abiertos, toma vuelo y nos habla de cómo la espera, el deseo y la imaginación imantan al cuerpo de manera consciente
¿Por qué son fascinantes las bellas durmientes? En este ensayo, la autora explora diversas versiones de esta historia: desde las clásicas hasta las adaptaciones contemporáneas de Kawabata, Anne Rice y Elfriede Jelinek para indagar sobre el problema de la espera y la carga erótica. ¿Cómo se da este proceso? ¿Cuál es la diferencia entre una mujer dormida y una bella durmiente? ¿Cómo habita el deseo de una mujer que sueña? ¿Se puede mirar con los ojos cerrados? ¿Hay un aurora sensual que emana desde el interior de un cuerpo inconsciente o se trata únicamente de una fantasía masculina?

Este es sólo el punto de partida para una profunda reflexión que plantea el problema de la belleza de la expectativa frente a una realidad que no la colma. Entonces Kelly confronta los fantasmas del erotismo con los ojos abiertos, toma vuelo y nos habla de cómo la espera, el deseo y la imaginación imantan al cuerpo de manera consciente. La mejor manera de mantener un sueño intacto es no vivirlo. Si se vive, se rompe el encantamiento. Si no se vive, la relación es humo. ¿Qué hacer? En este libro Kelly no renuncia a las bodas del cuerpo y la imaginación, del tiempo y lo que vive fuera del tiempo.

Kelly A.K. (México, D.F. 1981). Estudió Literatura Latinoamericana en la UIA. Ha sido locutora de la estación de radio Ibero 90.9 en el programa Le Voci, de música vocal y Punto 9, la cartelera cultural. Estudió la maestría en Teoría Crítica en el 17, Instituto de Estudios Críticos. Desde 2007 es coordinadora de información y conductora de “La oveja eléctrica” del Canal 22, programa televisivo de ciencia y pensamiento conducido por Pepe Gordon. Es profesora del taller de narración a nivel licenciatura en la UIA. Becaria del FONCA 2009-2010 en el área de Novela.

Ha publicado en revistas como Algarabía, Quo, Círculo de Poesía, Replicante, Shandy, Textofilia, la sección cultural del Economista, Vuelo, y en su blog:
www.parentesisk.blogspot.com

La espera, seducción de las bellas durmientes, es su primer libro.

Fuente: Universia

(la espera en Milenio)

El erotismo de la bella durmiente
El trabajo, escrito a manera de ensayo, busca reflexionar sobre las aportaciones literarias y reales a la figura de este personaje, asegura Kelly.


La narradora Kelly A.K. (Distrito Federal, 1981) está obsesionada con la bella durmiente. Pero no con la que recrearon los hermanos Grimm o la versión de Charles Perrault que después Walt Disney llevó a la pantalla grande, sino con una mujer sensual y erótica.

Prueba de ello, su más reciente publicación, La espera. Seducción de las bellas durmientes (Textofilia Ediciones), donde la autora hace un análisis basado en las obras La casa de las bellas durmientes (1961) de Yasunari Kawabata, La bella durmiente. Trilogía erótica (1983-1985) de Anne Rice y un fragmento de La muerte y la doncella I y IV (2008) de Elfriede Jelinek, que muestran a una mujer que sabe exactamente lo que desea.

El trabajo, escrito a manera de ensayo, busca reflexionar sobre las aportaciones literarias y reales a la figura de este personaje, asegura Kelly.

En el proceso de escritura, uno de los elementos que más se analizan es el de la espera. “No me había dado cuenta que dentro de la estructura del libro tendría que abordar este tema como parte de mi trabajo. La espera tiene dos connotaciones: la primera es de duración, la segunda es de expectativas. Tuve que trabajar en ambas para hacer este ensayo”, señala.

En entrevista, indica que su obsesión por la bella durmiente surgió desde niña, al ver la película de Walt Disney. “Pero también después de acercarme a literatura erótica y leer los textos de Kawabata, Jelinek y Rice”. Después de leer estas obras se preguntó por qué este personaje es tan actual y se repite en diferentes autores. A partir de ese momento, un año atrás aproximadamente, decidió comenzar el ensayo La espera. Seducción de las bellas durmientes.

“La bella durmiente es una mujer que parece pasiva y que vive en un segundo plano, cuando realmente es la heroína de su historia; es activa, tiene un erotismo que repercute en el otro y hace que los demás reaccionen. La divergencia entre lo que parece y realmente es me llama mucho la atención”, comenta.

Además, destaca, está mujer está encarnada en la actualidad. No necesariamente es bella y durmiente, mujer u hombre; “representa a gente consciente de su propio erotismo, de su propio estar frente a los demás y de su manera de reaccionar ante sí misma”.

La espera. Seducción de las bellas durmientes se presenta el domingo a las 11:00 horas, Foro Independiente de la Feria del Libro del Zócalo.

http://origin-impreso.milenio.com/node/8848675

Tuesday, October 12, 2010

(la espera en el economista)

El ensayo, un género para explorar la intimidad

Por lo general, los ensayos como género literario se consideran serios, extensos, con un lenguaje rebuscado sólo accesible para academicistas y con un rigor que recalque el afán de buscar la objetividad. Pero, ¿puede el escritor recuperar ese género para explorar temas que le son más íntimos y cercanos y atraigan más al lector promedio?

La joven escritora Kelly A. K. aporta con su primer libro La espera. La seducción de las bellas durmientes (Textofilia, 2010) una interesante alternativa. A la hora de elaborar en forma de ensayo un tema singular que durante mucho tiempo le ha llamado la atención (las bellas durmientes), se vio sorprendida por el camino a que la condujo su libro.

“Yo había iniciado investigando temas eróticos. Cuando me di cuenta de que el libro me llevó a un tema muy personal, me quedé pasmada porque ya había llegado a un nivel muy íntimo, mucho más personal del que esperaba”, afirma la autora.

“Yo tuve un asunto personal, familiar, en el que tuve que esperar a una persona durante mucho tiempo y supongo que de ahí surgió el libro”, relata Kelly. Inconscientemente, la autora ha expresado en muy pocas palabras los dos sentidos que ella enfatiza a la hora de analizar el título La espera: “tiene dos connotaciones: la espera como duración y la espera como expectativas”.

En su ensayo toma una obsesión personal: la seducción de una mujer dormida. Y al momento de desarrollarla da con otra aún más profunda: los límites de la distancia en la cultura ultramoderna y la manera en que las tecnologías alteran la duración y por tanto la espera se convierte en resistencia.

No obstante, su crítica es más abierta: “En cierta manera existe una espera en las pantallas porque se fija una expectativa, ¿quién no se ha enamorado de una bloguera o de un twitero?, y no tienes idea de quién son. Hay algo ahí que nos llama. Pero lo queremos todo ya, rápido, y nos perdemos un poco la angustia de estar esperando a otro. Porque sí es rico estar esperando a otro: esto crea una sensación distinta, construye una actividad y una reflexión distinta el que no se nos otorgue todo inmediatamente. Hoy en día, cuando tenemos que esperar algo, cinco minutos ya es demasiado. En otras épocas una carta se tardaba días en llegar”, apunta.

Sin embargo concede: “Pero es una realidad, ya son otras cosas. Yo soy usuaria de todas estas herramientas; simplemente he hecho una reflexión al respecto”, apunta.

Kelly A. K. presenta La espera el próximo domingo en el marco de la Feria del Libro del Zócalo.

Sunday, October 10, 2010

(en la FIL de Monterrey )

La primera entrevista como escritora de "La espera: seducción de las bellas durmientes"

Monday, October 4, 2010

Sunday, October 3, 2010

sunday solitude











a veces, ni yo






misma sé acompañarme en la soledad.



Mi compañía no es suficiente. y mis ojos, mis ojos.

Sunday, September 19, 2010

buscando sismos...

estertores internos, alguna escala de richter que supere el 0.1, ¡vamos destino! o, ¿vamos destino?
¿cómo es?
azar infame, azar ínfimo... ¿será?
¿existen los sismos internos?
ni siquiera las réplicas ahora existen... ¿algo? ¿un movimiento producido externamente? ¿una ondulación momentánea en las sensaciones?
o estertores, puros y llanos estertores de la necrofilia....
¿será?


calling...

is anybody listening?

Wednesday, September 15, 2010

para celebrar el bicentenario

¿por qué no hacer cosas así para celebrar?


Monday, August 23, 2010

Oda al Culo - Pedro Mairal

(texto fantástico, anatómico, erótico)

BOGOTÁ (Soho). No suelo concordar con el prójimo varón sobre cuál es
el mejor culo. Noto un gusto general por el culito escuálido de las modelos
flacas. A mí me gustan grandes, hospitalarios, macizos. Me gusta el culo
balcón, que sobresale y se autosustenta como un milagro de ingeniería. El
culo bien latino, rappero, reggaetón, de doble pompa viva y prodigiosa.
Me salen versos cuando hablo de culos. Quizá porque en los culos hay
algo más antiguo y atávico que en las tetas, que en realidad son una
intelectualización. Las tetas son renacentistas, pero el culo es primitivo,
neanderthaliano. Con su poder de atracción inequívoca, su convergencia
invitadora, es un hit prehistórico. Despierta nuestro costado más bestial:
el del acoplamiento en cuatro patas. Las tetas son un invento más reciente,
son prosaicas. El culo, en cambio, es lírico, musical, cadencioso,
indiscernible del meneo de caderas, del ritmo, la batida de la bossa que
retrata a la garota que se aleja en Ipanema.
Porque el culo siempre se aleja, siempre se va yendo, invitando a que
lo sigan. Se mueve en dirección contraria de las tetas que siempre vienen y
por eso suelen ser alarmantes, amenazadoras, casi bélicas (me acuerdo de las
tetas de Afrodita, la novia de Mazinger Z, que se disparaban como dos
misiles). Las tetas confrontan, el culo huye, es elegía de sí mismo, se va
yendo como la vida misma y deja tristes a los hombres pensando qué cosa más
linda, más llena de gracia aquella morena que viene y que pasa con dulce
balance camino del mar.
Las mujeres argentinas tienen orto, las colombianas jopo, las
brasileras bunda, las mexicanas bote, las peruanas tarro, las cubanas nevera
o fambeco, las chilenas tienen poto. O mejor dicho, las chilenas no tienen
poto, según mis amigos transandinos que se quejan de esa falta y quedan
asombrados cuando viajan por Latinoamérica. Yo mismo casi me encadeno a la
muralla del Baluarte de San Francisco en el último Hay Festival de Cartagena
de Indias para no tener que volver y poder seguir admirando el desfile
incesante de cartageneras o barranquilleras cuyos culos altaneros merecían
no este breve artículo sino un tratado enciclopédico o un poemario como el
Canto General.
De las cosas que hacen las mujeres por su culo, la que más ternura me
da es cuando lo acercan a la estufa para calentarlo. No lo pueden evitar.
Pasan frente a una chimenea o un radiador y acercan el culo, lo empollan un
rato. El culo es la parte más fría de una mujer. Siempre sorprende al tacto
esa temperatura, el frescor del cachete en el primer encuentro con la mano.
Durante el abrazo, se puede llegar a los cachetes de dos maneras. Una
es desde arriba, si la mujer tiene puesto un pantalón, pero es dificultoso y
lo ajustado de la tela impide la maniobra y la palmada vital. La otra forma
es desde abajo y eso es lo mejor, cuando se alcanza el culo levantando de a
poco el vestido, por los muslos, y de pronto se llega a esas órbitas
gemelas, esa abundancia a manos llenas. En ese instante se siente que las
manos no fueron hechas para ninguna otra cosa más que palpar esa felicidad,
para sentir con todos los músculos del cuerpo la blanda gravitación, el peso
exacto de la redondez terrestre.
Se suele pensar que, en el sexo, la posición de perrito somete a la
mujer. Pero hay que decir que abordar por detrás a una mujer de ancas
poderosas puede ser todo lo contrario: es como acoplarse a una locomotora,
como engancharse en la fuerza de la vida, hay que seguirla, no es fácil, uno
queda subordinado a su energía, hay que trabajar, darle mucha bomba, carbón
para la máquina. Es uno el que queda sometido a su gran expectativa,
absorto, subyugado, vaciándose para siempre en la doble esfera viva de esa
mantis religiosa.
Una vez vi un hombre de unos 45 años dando vueltas al parque,
corriendo tras su personal trainer. Lo curioso es que era una personal
trainer, y las calzas azules de esta profesora de gimnasia evidenciaban que
tenía un doctorado en glúteos. Como el burro tras la zanahoria, el hombre
corría tras ella sin pensar en nada más que ese seguimiento personal. No me
sorprendería que a la media hora hubiera un grupo de corredores trotando
detrás, en caravana. La música de los culos es la del flautista de Hamelin.
Los hombres, con su legión de ratones, van tras ella, hipnotizados.
Las mujeres saben aprovechar sus recursos. Yo trabajé en una empresa
en el mismo piso que una arquitecta narigona (esas narigonas sexys) y con un
"tremendo fambeco". Ella sabía que era su mejor ángulo y lo hacía valer, con
unos pantalones ajustados que dejaban todo temblando. Era una de esas
oficinas cuadradas, llenas de líneas rectas: el almanaque cuadriculado, la
tabla rectangular del escritorio, la ventana, los estantes, las carpetas de
archivos. Un lugar irrespirable de no ser por el culo de la arquitecta que a
veces pasaba camino a tesorería o a la fotocopiadora. Su culo era lo único
redondo en todo este edificio de oficinas. Lo único vivo yo creo. Nunca
intenté nada (se decía que tenía un novio), pero en una época yo pensaba
escribir una novela con los acoplamientos heroicos que imaginé con ella. Una
novela que iba a titular, con un guiño a Greenaway, "El culo de una
arquitecta".
No escribí ni dos líneas de esa novela, pero sí algunos poemas que
ella nunca leyó. Me acuerdo que la veía antes de verla, la intuía en un
ritmo particular que tenía el sonido de sus pasos, un peso, un roce de la
cara interna de sus muslos de falsa mulata. Cuando aparecía en el rabillo de
mi ojo, ya sabía plenamente que se trataba de ella. Y pasaba y todo se
detenía un instante, el memo, el mail, la voz en el teléfono, todo se
curvaba de pronto, no había más rectas, todo se ovalaba, se abombaba, y el
corazón del oficinista medio quedaba bailando. No exagero.
Además era plena crisis del 2002. Todo se derrumbaba, caían los
ministros, los presidentes, caía la economía, la moneda, la bolsa, caía el
gran telón pintado del primer mundo, caía la moral, el ingreso per cápita,
todo caía, salvo el culo de la arquitecta que parecía subir y subir, cada
vez más vivaracho, más mordible, más esférico, más encabritado en su
oscilación por los corredores, pasando en un meneo vanidoso que parecía ir
diciendo no, mirame pero no, seguime pero no, dedicame poemas pero no. Ojalá
ella llegue a leer esto algún día y se entere del bien que me hizo durante
esos dos años con solo ser parte de mi día laborable pasando con tanta
gracia frente al mono de mi hormona. Y ojalá se entere también que, cuando
me echaron, lo único que lamenté fue dejar de verla desfilar por los
pasillos respingando el durazno gigante de su culo soñado.

Sunday, August 22, 2010

Sismos evocativos - publicado en "El perro" #18


Ayer tembló, una vez más.

Desnuda, como suelo dormir en este verano en el que las sábanas se contagian de mi olor durante la noche y lo pierden durante el día, desperté.

Desperté con el mundo temblando a mi alrededor, desperté sonriendo desde el fragor de un sueño olvidado. Desperté temblando, sola.

Desnuda, me moví, rodé hacia el final de la cama, y me coloqué, de cuclillas, desnuda, en el triangulo de la vida, aquél junto a un mueble que, dicen, puede salvar tu vida. Y esperé, esperé a que dejará de temblar. Minutos alargados en movimientos ajenos. Geología de las evocaciones, remembrando, acordando.

Mi casa, toda ella, me platicaba secretos que había callado durante meses sin temblorina ni terremotos; quería salir de ese triangulo de las bermudas de supuesta seguridad para ver lo que decían, acercarme a los libros y libreros, las cazuelas y las cajas de cereales vacías. Todos los objetos de mi hogar dialogaban en un idioma que, por primera vez desde que los conocía, me parecía reconocible.

Era la lengua de mi infancia.

Mis nostalgias se albergan entre los movimientos de las capas tectónicas y sus réplicas.

Los terremotos me transportan a mi infancia. El zarandeo en una cama, despertar entre movimientos ajenos, en solitario, son parte inequívoca de un tiempo desplazado a un cuerpo más pequeño, más dulce y, ligeramente, más inocente.

La tierra tiembla porque se despereza, me susurraba por las noches en un departamento en un octavo piso, con mi hermano durmiendo del otro lado y ajeno a los movimientos del ir y venir de nuestro hogar, metáfora literal y metáfora terrestre.

La tierra tiembla porque ya no puede aguantarse las cosquillas que le da el que caminemos encima de ella todo el tiempo. Los tacones son lo peor. Los descalzos, los siente como caricias.

La tierra tiembla porque le tiene un miedo inconfesable a la oscuridad del universo.

La tierra tiembla porque está haciendo el amor con alguien a quien no vemos. La tierra tiembla porque le da la gana.

La angustia que puede causar un movimiento telúrico se ve desplazado por la nostalgia de un momento que ya no es mío más que en la memoria de una niña que nunca fui. Los recuerdos se pintan de colores ajenos a los que se escribieron en su momento.

Mi cama, en el hogar infantil, está coloreada de dos elementos nocturnos, los ruidos que provenían del cuarto de mis hermanos, fantasmas, supuse posteriormente, que siempre movían muebles y cuando pensaba atraparlos en su ir y venir, se esfumaban dejando las cosas tal cual habían estado. Y por los temblores.

En un octavo piso los temblores más mínimos se sienten como si movieran tu cama. No. No salía corriendo. Nadie me despertaba. Simplemente sentía el arrullo de la tierra, veía cómo ciertos cuadros, algunos peluches se desplazaban hacia un lugar más cómodo, y me volvía a dormir, con la certeza de que, en algún otro momento, otro movimiento volvería a despertarme.

Ayer tembló y yo sonreía. Mi hogar, solitario, sin peluches, sin hermanos en el cuarto de junto, sin respiraciones más que las mías y las de los libros, me habló con el movimiento de la tierra.

La evidencia del desplazamiento de un recuerdo a una certeza en tiempo presente hace que los colores de ciertos fragmentos de la memoria se calquen con tonalidades más verosímiles en los Cuentacuentos de los soliloquios. Si la tierra sigue temblando ahora, y me despierta a las 2:22 de la mañana, entonces, mi infancia sí sucedió, entonces mi vejez se verá plagada por este tipo de movimientos también.

Si la tierra me sigue arrullando con su movimiento, entonces puedo salir del triangulo en el que me refugié, meterme entre cobijas ligeramente húmedas y sonreír al soñar, porque el tiempo no ha cesado de marcar el vaivén pendular de las capas tectónicas de la memoria.

Ahora es momento de esperar las replicas evocadoras.

Tuesday, July 27, 2010

pedazo de alas

(publicado en la revista Cultura Urbana, en el número dedicado a niños)

Anoche soñé que tenía alas pero no sabía volar. Desperté. Mi espalda desnuda, el vacío
compensando los sueños que tenía sobre los párpados.
Desde mis ojos de niño, y hasta mi parpadear de adulto, las cosas que flotaban fascinaban
mi atención, la maravilla del prodigio de aquello que debiera caer más velozmente y no lo
hace, la insensatez de una hoja de abedul que cayó del árbol y se rehúsa a tocar el suelo.
Alguna vez alguien me dijo que las palabras tenían la capacidad de flotar, y desde
entonces suspiro palabras al aire, intentando encontrar aquella que volará y se perderá
entre nubes de colores de fábulas. Tal vez tenga que ser un suspiro, o un grito elevado
desde el silencio de mi respiro, no lo sé. Pero esa palabra tiene que encontrarse en algún
lugar, y me he dedicado todos los cambios de colores que han sufrido mis ojos desde
entonces para encontrar esos sonidos que al ser emitidos, no caerán.
Belleza de inconsciencia infantil, alas en los sueños, pesadumbre en el despertar.
¿Cómo se busca una palabra entre tanto silencio?
¿Y si yo fuera a convertirme en la palabra que tanto buscaba?
Decidí tener alas en la espalda para poder flotar. Si no era en mi costado, ningún otro
lugar aguantaría la pesadez de mi realidad, aquella que impide el despegarme del suelo
siquiera milímetros sobre los sueños.
No recuerdo si fue una determinación mía, o simplemente sucedió, pero recuerdo que
en algunos espacios de mis juegos infantiles, de pronto caían plumas de avestruz a
mi alrededor. Nunca supe si esas eran las que tenía destinadas y con un gran esfuerzo
imaginativo las tenía que reunir, guardar, armar como rompecabezas y esperar a que
llegara aquél que me enseñara a pegarme mi creación sobre la espalda… yo siempre me
imaginé que mis alas serían de plumas inmensas de colores, o pequeñísimas blancas, casi
transparentes, pero nunca de un ave que se le olvidó volar.
Alguna vez me paré en la orilla de un precipicio y le grité al retumbante vacío. Tal
vez debía correr y aventarme a la incertidumbre, cual albatros que sabe que flotará a
pesar de la pesadez de las alas que le impiden elevarse desde el suelo. Bello albatros,
imposibilitado con sus inmensas alas a despegarse del suelo, siempre un pequeño intento
de suicidio cada vez que siente la necesidad de volar.
Laberinto del desencadenamiento de incongruencias.
¿Qué será más pesado, saber que únicamente arriesgando mi posibilidad de divagar en
el fantaseo de mi irrealidad, puedo llegar a flotar? O, ¿qué el suelo con la seguridad
del arraigue a la habitualidad aparente permitiría especulaciones irrealizables?
Alas, únicamente quería alas, como un ángel, como un ave, como una mariposa con
plumas de esmaltes polifónicos.
Quería verme en el charco que unas lágrimas habían dejado abandonado y reflejar mi
espalda con protuberancias de plumas; llenar el desierto de tanta piel homogénea con
protuberancias que quizás se atreverían a volar.
Volar, ese era el fin último.
Años y siglos e instantes en un parpadeo en el que confronto mi sueño con la realidad que
me imagino me subyuga a lo inteligible.
Y si la casualidad penetrara por una ranura de mi pupila ¿hacia dónde se dirigirían esas
alas inexistentes?
Tantos lugares que podría abandonar, tantos paisajes en los que me camuflaría sin ser
nunca parte de ellos, tantas esferas breves como una palabra nunca emitida de las que
podría desaparecer sin siquiera tocar con la planta de los pies.
¿era eso lo que buscaba entre las palabras suspiradas y las palabras susurradas?
¿o simplemente deseaba tener alas?
Crearlas con el material desechado por las ilusiones y los anhelos, desmenuzar los
gránulos de arena que caen en silencio sobre un reloj que no marca el tiempo, chuparme
los labios resecos y forjarlas con los ojos cerrados, con las manos atadas con estambre de
araña sobre los ojos, con el cuerpo inclinado hacia las rodillas. Concebirlas en un pasaje
del tiempo que jamás se concretará sobre un parpado que desea ser pétalo de amapola.
Y tenerlas, pintarlas sobre mi espalda, trazo a trazo, delinearlas sin pincel ni yemas de los
dedos, simplemente con el deseo de su existir.
Tener alas sobre la espalda.
¿volar? No sé… la posibilidad ….

Saturday, July 17, 2010

solitaria sobre ruedas

dos ruedas, son.
y no, no es que sea ermitaña ni antisocial. Pero en el barandal en el que descansa, simplemente, todas las demás están descansando y susurrando en pareja. Seis bicicletas que están de a dos, por tres.
ella, sola. pero es la única que decide, en soliloquio, cuándo moverse, la limitación de su libertad es suya y de nadie más.
(+)--(+)

Tuesday, June 8, 2010

Érase una vez... la pornografía (texto publicado en la revista algarabía #69)

Érase una vez… la pornografía1

por Kelly A.K.

Lo que para unos es pornografía, para otros no es más que la carcajada del genio.

D.H. Lawrence

¿Qué es la pornografía? ¿Dónde empieza ésta y dónde termina el erotismo? ¿Cuál es la diferencia entre un desnudo artístico y los que aparecen en Penthouse? Quizá no existan respuestas concluyentes a estas preguntas, pero sí se puede explorar un poco en las definiciones y los orígenes de aquello que llamamos pornografía.

-- o --

Primer acto

Una bella joven habla con su amiga y le comenta su gran problema: no puede obtener placer sexual. Acude al médico, y éste, tras revisarla, encuentra que la falla no es fisiológica, sino anatómica: el clítoris se encuentra en su garganta y no en sus genitales. ¡Eureka! Lo que necesita es hacer felaciones profundas constantes para acceder al orgasmo…

Segundo acto

Una mujer es secuestrada y obligada a entrar en un coche con la cara cubierta. Dentro de una habitación, otras mujeres la desnudan y comienzan a acariciarla y besarla; ella se rehúsa, se defiende, pero poco a poco se somete al placer. La están preparando para una aventura detrás de la puerta verde, un mundo en el que probará los placeres como a una sacerdotisa en su iniciación…

Tercer acto

Dos hermanas quedan huérfanas. En el orfanato, la directora corrompe a una y la otra escapa buscando la virtud. Un conde la acoge como criada de su mujer, pero la convierte en esclava sexual. La joven pide albergue en un monasterio, pero los monjes la violan, la golpean y le cosen el ano y la vagina para desvirgarla una y otra vez. Cuando se reencuentra con su hermana, se da cuenta de que ésta, en su corrupción moral, no había llegado a actos tan depravados…

¿Cómo se llamó la obra?

Entre el erotismo y la pornografía

Es sumamente complejo hablar de la historia de un género de expresión humana cuando éste no se ha podido definir. Annie Sprinkle, exprostituta, pornógrafa y artista, dice que «en el erotismo se utiliza una pluma, en la pornografía, la gallina entera»; la actriz porno Gloria Leonard sostiene que la diferencia entre ambos es sólo la iluminación, y Naief Yehya, escritor mexicano que reside en Nueva York, dice que la pornografía se considera no por lo que es sino por lo que causa.

Etimológicamente, pornografía viene de pornos, pornos, 'prostituta' y grafos, graphos, 'escritura o dibujo': «estudio de la vida y costumbres de las prostitutas». Posteriormente evolucionó como vocablo para hablar de un género de expresión de la sexualidad humana: primero, el francés Nicolas Edme Restif de la Brétonne en 1769 lo utilizó en su texto sobre las prostitutas; en 1857, se acuñó también en la lengua inglesa y se le relacionaba con la higiene; luego, en 1864, el diccionario Webster introdujo la palabra para describir pinturas licenciosas que decoraban espacios con aspiraciones orgiásticas.

En español, la rae la introdujo en 1899, en la que tenía tres distintas acepciones, que se mantuvieron hasta 1992 --sí, los hispanos, siempre tan atrasados en sexualidad, hasta léxicamente--: 1. tratado acerca de la prostitución 2. carácter obsceno de obras literarias o artísticas y 3. las obras literarias o artísticas de ese carácter. Actualmente, la primera acepción es «presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación».

Pero lo que no se ha dicho es que la pornografía, además de la expresión de la sexualidad, es una trasposición de actividades, el llevar lo privado a lo público, es decir, lo obsceno: lo que está fuera de escena, la intimidad expuesta ante el ojo que la desee ver.

Lo obsceno

El cuerpo pornográfico, compacto, se muestra, no se da, no hay ninguna generosidad en él.

Roland Barthes

Los dos primeros actos al principio de este texto describen las películas pornográficas2 que dieron inicio a la industria como la conocemos hoy en día --en su era dorada o porno chic--; el tercero es un texto del Marqués de Sade, considerado hoy en día como literatura erótica. Pero, tras leer las descripciones, ¿no podríamos considerar que el tercer acto es más pornográfico que los otros dos?

El erotólogo Valerij Savchuk habla de la transformación de la imagen del cuerpo desnudo en el arte, desde la Venus de Willendorf, pasando por las formas clásicas grecorromanas, las pudorosas del Medievo al romanticismo, hasta el abstracto del siglo xx. Por ejemplo, cuando se descubrieron las figuras de Pompeya en el siglo xviii, se miraron con los ojos de la moralidad, escondiéndolos en museos secretos, lejos de las miradas de mujeres y niños. Estas mismas figuras de hombres y mujeres desnudos, de falos gigantescos y de hombres con penes erectos y del tamaño de sus brazos, habían estado expuestas en las plazas públicas de la ciudad romana. En Europa, siglos después, las vieron como pornográficas. Hoy en día, son eróticas.

Desde 1523 ya circulaban obras literarias pornográficas, pero fue con la masificación de los medios --desde la invención de la imprenta en el siglo xv y su desarrollo en siglos posteriores, y con la irrupción del cinematógrafo a finales del siglo xix-- cuando se volvieron accesibles al pueblo y se abarataron. Savchuck escribió que la pornografía, como la conocemos hoy en día, fue «descubierta» a principios del siglo xx, justo antes de la Expo Mundial en París, cuando la policía confiscó más de 80 000 tarjetas «indecentes»; más que su contenido, lo escandaloso era su número, descomunal para aquellos días. Aunque hoy quizá, serían simples fotografías eróticas.

Si saltamos hasta los años 70, encontramos la era de la «porno chic», las películas de alto costo con argumentos de por medio --no simplemente sexo, sino algo más: un espacio en el que se pretendía que el espectador se pudiera identificar con los personajes, como el cartero que toca la puerta de una mujer en negligé que le agradece el paquete… acariciándole el paquete-- y revistas como Hustler, fundada por Larry Flynt, pornógrafo señalado por la sociedad como «enfermo», pero que defiende su derecho a la libertad de expresión y al consumo de productos que a él, y a muchos otros, le parecen placenteros.

De lo privado a lo público

Una de las primeras revistas porno fue la californiana Jaybird en la cual, además de desnudos, se mostraban escenas lúdicas; luego, en 1968 apareció la competencia sicodélica Sundisk, aunque Playboy ya hacía de las suyas desde los años 50,3 pero con menos piel y menos juego. Penthouse inició en 1965 en Inglaterra, y fue más explícita, mostrando pelo y simulación de penetración.

Entre las revistas y las películas, la industria de la pornografía floreció: Martin Amis afirma que en 1975 el valor del porno en los ee. uu. era de entre cinco y diez millones de dólares; actualmente entran en la ecuación ocho mil millones, invertidos en diversos «quereres» mediáticos.

Por otro lado, la pornografía ha influido la evolución del siglo xxi: las videocintas se desarrollaron para que las salas de cine no fueran el único lugar en el que se pudieran ver películas… y, desde luego, esto incluía a las películas porno. Lo obsceno se llevaba a casa, de lo privado a lo público y de regreso. En la guerra de los formatos --Beta vs. vhs--, la industria porno inclinó la balanza hacia una vertiente y la otra murió: rip al Beta.

¿Y qué decir de la Internet? Internet permitió que se desarrollara la pornografía amateur: ya no eran las actrices operadas y perfectas ni los actores con miembros exorbitantes los que se venían en tu pantalla, sino seres comunes y corrientes mostrándose, en sus orgasmos, ante el mundo. Además de que comenzaban a alimentarse las preferencias específicas, se volvió más fácil encontrar lo que a uno le excita, y a seres afines a los que les excita lo mismo.

¿Con final feliz?

La historia de la pornografía es la historia de la humanidad. La industria porno, que no sufre crisis como las demás,4 sigue descubriendo maneras de ser vista, de ser aprendida y aprehendida, de ser disfrutada y deseada. Sin que seamos conscientes de ello, es la pornografía la que ha dirigido parte de nuestras vidas durante las últimas décadas. Los avances de la tecnología, de la moral, de la publicidad, de la industria fílmica, todo tiene que ver con llevar a lo público lo privado, al exponer las distintas expresiones de la sexualidad. Lo porno ha invadido nuestras vidas.

(( ))

( un paréntesis es un momento para respirar ) ( un paréntesis es un silencio para soñar ) ( un paréntesis es un espacio para estar )