Thursday, May 26, 2011
(Jam en Reforma)
Los dos escribirán en computadoras y el texto será proyectado al mismo tiempo que público que puede sugerir ideas
Jorge Ricardo
Ciudad de México (26 mayo 2011).- Habrá a quien Adrián Haidukowski y Jam no le digan nada. Pero para eso está aquí la productora argentina Tatiana Damsky, para impulsar y promover la importancia de ese juego inventado en 2007 por su compatriota Haidukowski e introducido a México por ella: escribir un texto ante un público. Algo parecido a la improvisación del jazz, de ahí su nombre: jam (palomazo).
"Es una idea muy exitosa de fomentar la lectura en nuevos espectadores. A mí misma me pasa, me dan ganas de 'uy, a este autor no lo conozco, voy a leer su libro'. En la FIL, Luis Humberto Crosthwaite empezó a hablar de las gorditas y fue muy gracioso lo que pasó porque entre el público comenzaron a participar, era como ir a la cancha de futbol a gritar: 'yo soy la gordita más sexual'".
Casi siempre hay músicos. En la Feria del Libro de Guadalajara de 2010 los dj's Chucuchú y Crosty acompañaron Crosthwaite cuando improvisaba Loca noche en la FILomena, sobre el ligue a una mujer gorda. Para entonces ya habían participado autores como Mario Bellatin, Alejandro Almazán y Xavier Velasco. Ahora le toca el turno a los escritores Alberto Ruy Sánchez y Kelly A. K, quienes ofrecerán juntos este jueves a las 20:00 horas un "Jam de escritura erótica" musicalizado por Uriel Waizel en la Casa del Lago.
Los dos escribirán en computadoras y el texto será proyectado al mismo tiempo que público que puede sugerir ideas.
La productora Damsky, que consiguió el apoyo para el evento, informa que está próxima la publicación en libro de los textos improvisados y que el jam fomenta la lectura: "la mayor parte de los periodistas que nos han entrevistado dicen 'oye, qué padre idea, qué emoción con este proyecto...'".
http://www.reforma.com/cultura/articulo/609/1216661/
Monday, May 23, 2011
Sunday, May 22, 2011
(a veces los días pasan, a veces los días pasan)
Cuando se amanece con el alma sabor a pesadilla…
Un día, cualquiera, deseaba sacar a pasear un árbol, un cerezo sin flor, un manzano triste, una bugambilia sin retoño, una noche buena seca. Posar al árbol sobre un carrito con una cuerda con la cual jalarla, no empujarla. Sin maceta, tiene que ser sin maceta.
La soledad adquiere textura, no es etérea, sino que son personalidades múltiples; multiplicidad de personajes que caminan a su lado, comentando sus pensamientos. Un domingo la soledad se contextualiza en sus pasos; una personalidad distinta por cada experiencia que no comenta con nadie más.
El árbol le susurra invocaciones para adquirir insomnio más seguido, para alejarse de las pesadillas, para temblar un poquito menos al ser fotografiada por una amistad que no sabe hacerla llorar.
Transcribe sus pasos en las ramas del árbol que pasea, sus raíces crecen; el tronco no. Se tropieza en la calle en la que perdió su inocencia la primera vez; un perro la miró con lascivia y después le ladró, ella quiso morderlo, ya no recuerda qué pasó después.
Soñó con una muerte y a nadie le importaba, porque la vida no había valido demasiado, más que en aliento. Era triste, sí, una tragedia más para guardársela en el delantal al hornear galletas, y ya. Eso era todo.
Soñó con una muerte que no puede siquiera mencionar en voz alta. En dos semanas se cumpliría otra muerte más; acumulación de nostalgias.
Hace muchos años, cuando todavía no sabía sacar a pasear árboles, soñó una muerte. Para que no sucediera, lo contó en voz alta, con detalles nimios, frente a tres hombres de barbas largas y conciencias cortas. Supuestamente se quitó el maleficio. Ahora observa la vida que salvó; o era insalvable o su pesadilla la orilló a no-vivir eso a lo que despertaba todos los días.
Ahora una muerte más que se cobijaba en su almohada, reposando sin desperezarse demasiado, cómoda en el transcurrir de las imágenes siniestras. El cómo era más incierto que el despertar que no llegó a tiempo para no sólo vivir la muerte, sino su falta de consecuencia.
Saca a pasear un árbol un día que pesa el triple que el resto, no se encorva pero es el hombro el que sostiene la yerma existencia. Lo saca a pasear y se tropieza un poco más, las raíces ahora tocan el suelo, acariciándolo con gemidos que no se deberían de mencionar sobre una página en blanco. Se disloca un poco el hombro, jalando el carrito sobre el que pasea al árbol.
Nadie la mira realmente; normalidad de un día de esos en los que las nubes están por explotar sin que lo hagan, o al revés. Pasear un árbol por la soledad acompañada de ciudad es, normal.
Thursday, May 19, 2011
(sentido)
(una hebra del triceps)


Escribo desde la cocina, busco sinónimos de bochorno.
Se rasgó el tríceps de mi brazo izquierdo, escribo mejor parada.
Hace mucho calor. Busco sinónimos de bochorno y lo único que puedo escuchar en el ipod es “Float on” de Modest Mouse en versión acústica una y otra vez. El ipod se rebela, quiere poner otra cosa, quizá me quiere mostrar un camino musicalmente distinto con el shuffle, me rehúso.
En ropa interior negra escribo en la cocina. No encontré un mejor lugar para hacerlo. si me acuesto, probablemente el frío del piso me seduzca y no me pare más, por hoy.
Un semáforo estaba desnudo, como yo quería estarlo. Quería flotar sobre la bicicleta, Entropía, me llamaba para hacerlo, en ropa interior. Negra.
Un top y unos calzones negros sobre la bicicleta en una calle sin pavimento. Cobarde. El dolor del hombro dijo que no.
Otra vez la misma canción, el ipod ya se tranquilizó. Sigue haciendo mucho calor.Se me rasgó el tríceps, casi se me rompe el codo, casi se me tritura el alma o el ligamento que sostiene la sanidad de estos días de calor.
Me ven los vecinos escribir en la cocina. Es mi lugar para escribir ahora. De pie tengo más seguridad de que las palabras no desaparecerán. Si tuviera quince años más probablemente el dolor podría anunciar un infarto. El refrigerador está al alcance de mis antojos. Lo abro y cierro. Me canta.
Se me infartó el tríceps.
El codo, todo viene de ahí.
Una palanca en el codo bien hecha, grito, dolor y las uñas clavadas en el compañero de juego. Desde ese día me las mordí, ya no hay más uñas.
Posición fetal y a llorar, lloré. Un poco, las lágrimas con el sudor con las lágrimas, con el sudor que lagrimeaba. Lloré mucho.
No encuentro suficientes sinónimos de bochorno. Son tres hebras de un músculo que adoro, no sé cuál fue la lastimada. El dolor se propaga a la mano, unas volteretas y la canción otra vez.
Pobre tríceps, no sabe flotar más.


