Wednesday, June 1, 2011
Sunday, May 15, 2011
Sunday, January 30, 2011
(del otro lado)
Le dije que hiciéramos un túnel de Bangladesh hasta acá. Me dijo que sí, pero con qué mano de obra, era la cuestión.
Le dije que tiráramos una cuerda de colores, que tal vez, por el peso de nuestros pensamientos, cruzaría hasta donde Julio Verne quiso, para que nos pudiéramos ver. Me dijo que sí.
Le dije que por qué no un teléfono sólo para mí y para ella, como el que tenía en la infancia de mi cuarto al cuarto de mi hermano, con vasos de plástico y un pedazo de estambre tenso. También me dijo que sí.
Le propuse escribir las historias de sus viajes, ella me dijo que tomaría las fotografías de los viajes que yo le escribiera. No quedo claro cuál de las actividades, si la visual, o la escritural, sería la primera.
Seguimos haciendo planes de lados opuestos de la tierra.
Sunday, August 22, 2010
Sismos evocativos - publicado en "El perro" #18
Ayer tembló, una vez más.
Desnuda, como suelo dormir en este verano en el que las sábanas se contagian de mi olor durante la noche y lo pierden durante el día, desperté.
Desperté con el mundo temblando a mi alrededor, desperté sonriendo desde el fragor de un sueño olvidado. Desperté temblando, sola.
Desnuda, me moví, rodé hacia el final de la cama, y me coloqué, de cuclillas, desnuda, en el triangulo de la vida, aquél junto a un mueble que, dicen, puede salvar tu vida. Y esperé, esperé a que dejará de temblar. Minutos alargados en movimientos ajenos. Geología de las evocaciones, remembrando, acordando.
Mi casa, toda ella, me platicaba secretos que había callado durante meses sin temblorina ni terremotos; quería salir de ese triangulo de las bermudas de supuesta seguridad para ver lo que decían, acercarme a los libros y libreros, las cazuelas y las cajas de cereales vacías. Todos los objetos de mi hogar dialogaban en un idioma que, por primera vez desde que los conocía, me parecía reconocible.
Era la lengua de mi infancia.
Mis nostalgias se albergan entre los movimientos de las capas tectónicas y sus réplicas.
Los terremotos me transportan a mi infancia. El zarandeo en una cama, despertar entre movimientos ajenos, en solitario, son parte inequívoca de un tiempo desplazado a un cuerpo más pequeño, más dulce y, ligeramente, más inocente.
La tierra tiembla porque se despereza, me susurraba por las noches en un departamento en un octavo piso, con mi hermano durmiendo del otro lado y ajeno a los movimientos del ir y venir de nuestro hogar, metáfora literal y metáfora terrestre.
La tierra tiembla porque ya no puede aguantarse las cosquillas que le da el que caminemos encima de ella todo el tiempo. Los tacones son lo peor. Los descalzos, los siente como caricias.
La tierra tiembla porque le tiene un miedo inconfesable a la oscuridad del universo.
La tierra tiembla porque está haciendo el amor con alguien a quien no vemos. La tierra tiembla porque le da la gana.
La angustia que puede causar un movimiento telúrico se ve desplazado por la nostalgia de un momento que ya no es mío más que en la memoria de una niña que nunca fui. Los recuerdos se pintan de colores ajenos a los que se escribieron en su momento.
Mi cama, en el hogar infantil, está coloreada de dos elementos nocturnos, los ruidos que provenían del cuarto de mis hermanos, fantasmas, supuse posteriormente, que siempre movían muebles y cuando pensaba atraparlos en su ir y venir, se esfumaban dejando las cosas tal cual habían estado. Y por los temblores.
En un octavo piso los temblores más mínimos se sienten como si movieran tu cama. No. No salía corriendo. Nadie me despertaba. Simplemente sentía el arrullo de la tierra, veía cómo ciertos cuadros, algunos peluches se desplazaban hacia un lugar más cómodo, y me volvía a dormir, con la certeza de que, en algún otro momento, otro movimiento volvería a despertarme.
Ayer tembló y yo sonreía. Mi hogar, solitario, sin peluches, sin hermanos en el cuarto de junto, sin respiraciones más que las mías y las de los libros, me habló con el movimiento de la tierra.
La evidencia del desplazamiento de un recuerdo a una certeza en tiempo presente hace que los colores de ciertos fragmentos de la memoria se calquen con tonalidades más verosímiles en los Cuentacuentos de los soliloquios. Si la tierra sigue temblando ahora, y me despierta a las 2:22 de la mañana, entonces, mi infancia sí sucedió, entonces mi vejez se verá plagada por este tipo de movimientos también.
Si la tierra me sigue arrullando con su movimiento, entonces puedo salir del triangulo en el que me refugié, meterme entre cobijas ligeramente húmedas y sonreír al soñar, porque el tiempo no ha cesado de marcar el vaivén pendular de las capas tectónicas de la memoria.
Ahora es momento de esperar las replicas evocadoras.
Tuesday, July 27, 2010
pedazo de alas
Tuesday, April 6, 2010
(oraçao ao ritornello do tempo)
(recreación a partir de la obra de Plinio Ávila “El orden de la calidad de las semejanzas y el orden de la cantidad de las equivalencias” expuesta en MACO 2010)
És um senhor tão bonito
Quanto a cara do meu filho
Tempo tempo tempo tempo
Vou te fazer um pedido
Tempo tempo tempo tempo...[1]
Transposición temporal, experimentación de lo efímero… si en los ojos del otro te pierdes, ¿vives en el tiempo que el otro vivió?
La dimensión de la temporalidad es una ilusión creada por los cuerpos que se restringen a vivir una sola vida a la vez, tristeza de la vulnerabilidad humana. ¿Vulnerabilidad? No es esa misma la que logra que dentro del gerundio se viva en un segundero constante que se rehúsa a finalizar…
De modo que o meu espírito
Ganhe um brilho definido
Tempo tempo tempo tempo
E eu espalhe benefícios
Tempo tempo tempo tempo...
Si dos gotas de agua se congelan en una estática reflejada por el reflejo mismo de sus seres, el espejo de los espejos en los que se desplazan cuando no se están mirando ¿se reflejan a su vez?
E quando eu tiver saído
Para fora do teu círculo
Tempo tempo tempo tempo
Não serei nem terás sido
Tempo tempo tempo tempo...
Las arrugas de uno se reflejan en las pupilas del otro; vivencias que no se advierten más que por el latir de las venas de dos manos que se enlazan dentro del vínculo del conocimiento que otorga el otro, para el otro.
Ahí, naciste.
Ahí viviste, se dicen en el reflejo de las fotografías que únicamente pueden compartir con las historias y anécdotas que nunca se cuentan de la misma manera.
Ainda assim acredito
Ser possível reunirmo-nos
Tempo tempo tempo tempo
Num outro nível de vínculo
Tempo tempo tempo tempo...
Cuando están ahí, uno dentro de la efigie del otro, imágenes resguardadas por la nostalgia de no lograr compartir el mismo pasar de las hojas del calendario porque… ¿por qué? Ah, claro, son padre e hijo, reunidos en el ritornelo de la sonrisa que comparten, sus vidas, son dos. Pero una mientras se reflejan, son.
Monday, May 25, 2009
me duele el higado
Y mientras decido cómo hacerlo funcionar, o por lo menos, cómo congraciarme con él para que vuelva a funcionar para el resto del cuerpo (no han formado sindicato aún, los órganos de mi cuerpo, no sé por qué), canto esta canción que me traje desde lo más recóndito de mi memoria de infancia.
