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Thursday, May 3, 2012

(caminar con Lola)



Camino las mismas cuadras varias veces todos los días. De pronto puede parecer monótono, pero no lo es. Me acostumbro a los horarios de los demás mientras observo. Cada vez que camino con la correa roja que se extiende hasta mi cachorra, mi mirada permea otras imágenes, personas caminantes. Los turistas abundan por acá, pero siempre son otros. Tomando fotografías, encantados con la ciudad, buscándose en el mapa, indefensos ante el sorpresivo cambio de clima.
Los turistas caminan más lento, su paso no se encuentra a la velocidad de los habitantes.
Los idiomas mezclan a los locales con los extranjeros. Melting pot, pensaba esta noche, recordando la terminología de una clase de historia en mi adolescencia.
La constancia es la rutina de la calle. La basura la sacan por la noche, a eso de las once los camiones la recogen. Por las mañanas traen los productos de ciertas tiendas, a las ocho. A la una de la tarde se llena la calle de oficinistas en la búsqueda de alimento.
Otra constante es la tienda de puros, tiene un ventanal que da a la calle. Se sientan hombres de todas las edades y fuman, mirándonos la imagen que somos nosotros. Los mendigos que piden dinero en cierta esquina, frente a la farmacia, junto a la tienda de veinticuatro horas. Su tonada siempre es la misma, la repetición de la oración, pidiendo.
Camino con Lola, a veces con audífonos, para escuchar las conversaciones ajenas mejor.
En noches calurosas las mesas exteriores del restaurante de la esquina están llenas. Algunos saludan a Lola, otros la ignoran. Ella busca bajo las mesas alguna pizca que robarse. Frente al restaurante japonés siempre hay algunos choferes platicando mientras esperan.
Las caminatas con Lola en las mismas cuadras se delinean de otros colores cada mañana, tarde y noche. 

Wednesday, December 28, 2011

(cerebro inflamado y otras excusas)

No he escrito aquí por diversas razones.
Una de ellas se la adjudico a la inflamación, supuesta, de las meninges. Sí, supuesta. No se sabe.
Sólo se reconoce ese dolor agudo y terrible cuando las letras aparecen. Puedo realizar cualquier otra actividad menos las relacionadas con las palabras.
(Maravilla de la secundaria poder escribir en un teclado sin tener que ver la pantalla. Me asomo a mis letras y comienza el dolor, comienza y perdura).

Esa es una razón.
La otra: los cambios.
Cambios en el clima, todos los días. Desde que vivo en esa ciudad nueva debo revisar el clima, y no sólo cómo estará durante el día, sino todas las transformaciones que la nena que es el clima, una nena adolescente con unos desvaríos de humor, tendrá. Alguien me dijo "lleva en tu bolsa justo lo opuesto de lo que traes puesto". Así es. El clima es una adolescente que se deja ser.
Los árboles también han cambiado mucho, de verdes y esplendorosos a unos rojos y amarillos que jamás había visto.
Ahora tiemblan y esperan la nieve.
La ciudad cambia constantemente con el flujo de personas.
y las luces ahora. Me fui pero sé que ahora hay lamparitas por todos lados que invitan a hacer piruetas en la cara.

Esas son algunas de las excusas por mi falta de cooperación en esta página.
Otras están relacionadas con libros y lecturas.
Ahora, ahora me duelen las meninges que hacen que mi cráneo se sienta mucho más pequeño de lo que es, diminuto, minúsculo.
Me tengo que despresurizar y no lo puedo hacer si sigo tecleando aunque no vea la pantalla.

Adios, por ahora.
Ya encontraré otras excusas para ver el horizonte mientras no veo lo que escribo.


Thursday, August 4, 2011

(nuevos horizontes)


esta ciudad con su velocidad vertiginosa contagia la vorágine deseosa de vivir.
Velocidad contagiosa. Voraz ciudad .

Me pregunto, 48 horas después de llegar ¿o ya son 53 horas? ¿quién se presentará ante mí en el espejo? en este espejo.
tantas voces y lenguas y me siento sobreestimulada. no puedo dejar de ver a la gente pasar (agradezco profundamente las clases de mecanografía de la preparatoria).
Pasan cuatro adolescentes asiáticos, todos con mochilas y camisas de caricaturas. pasa una chica joven, con el cabello hasta la cintura, tan güera que podría no ser real, pero lo es, lleva shorts de mezclilla, miniaturas.
Una mujer con un vestido naranja dirige la carriola verde cubierta de bolsas, pensé que así venía, hasta que se acercó a un hombre que sostenía a una niña berrinchuda de dos años.
una mujer junto a mí trae un ipad en la mano y una bolsa de chocolates godiva.
todos le piden a todos que les tomen fotografías.
una mujer que podría ser el híbrido de una cabaretera con una chica danzarina brasileña saluda a los paseantes, probablemente promociona una obra o algo así. Algunos se toman fotografías con ella.
Las pantallas gigantes me hipnotizan, son ¿ocho? Y claro, a lo lejos, encima de los m&m’s, una anuncio gigantesco del producto mexicano: Corona Light.
Esta es mi ciudad, mi nuevo horizonte, un hombre vestido de dulces, todos los idiomas en una licuadora enmarcada de luces y pantallas, de taxis amarillos y fotografías. Este es mi nuevo horizonte. Aquí comenzará todo… lo que sigue.

(( ))

( un paréntesis es un momento para respirar ) ( un paréntesis es un silencio para soñar ) ( un paréntesis es un espacio para estar )