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Wednesday, May 12, 2010

los celos de la escritura

Mi vida, últimamente, se divide entre palabras y palabras, oraciones disímiles que desean ser divididas en veinte documentos y cuatro cuadernos.

Mi vida está siendo plagada por los celos, escritura celosa.

mi novela anda quisquillosa porque no la he escrito en unos días, la abandoné por el libro, me dice, amenaza con borrarse, con terminar antes de lo planeado, con bloquearme para no poder escribir más, ah, tan remilgosa que es;

la poesía salta cual rana por toda mi casa y mis sueños, deseando ser escrita, como niño con deficit de atención, sale en el momento menos esperado y deseado y me urge a que ya, la escriba;

los cuentos aparecen y desaparecen, tanto los eróticos, que son apremiantes tanto a nivel pasional, como para sufragar al cuerpo, como los otros, que simplemente son (pero también amenazan con desaparecer de las yemas de los dedos si no los escribo en este mismo instante);

el ensayo erótico chupa mi insomnio, no, no es metáfora;

mis escritos se han vuelto amantes celosos que debo acariciar y tranquilizar, los beso con oraciones demás, para que con esos mimos vuelvan a sentirse el centro de mi palabrería. Les miento. Los apapacho mintiéndoles.

(sí, les miento a mis escritos, les digo que sólo están ellos para mí, que no hay nadie más, que no existe ni un otro escrito... así se tranquilizan, un poco, aunque no me creen...)

Tuesday, March 2, 2010

(liviandad)


búsqueda ¿futil?
sinónimos. sino ni modos.
vamos, sí se puede, susurrando. sí.

hoy tomé la decisión de no hacerlo más.

liviandad sin livianizar. Liviándome liviandad liviana. Ligereza.
Esa, todo.
y ya...



Tuesday, December 29, 2009

(las absurdidades del año)

Desde la localidad alemana que involuntariamente anunció pornografía en su web al estadounidense que interrumpió su boda para actualizar sus cuentas de Facebook y Twitter, el mundo estuvo repleto de historias excéntricas en 2009.

"¡Estoy en el altar con @TracyPage, que hace apenas un segundo se ha convertido en mi esposa! Tengo que irme, es el momento de besar a la novia", escribió Dana Hanna.

El personaje animado Marge Simpson apareció en la portada de Playboy, dos personas que se colaron en la Casa Blanca y celebraron su éxito en Facebook, y el mundo se creyó que un niño de seis años había huido de casa en un globo de fabricación casera.

Las redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube demostraron ser terreno fértil para muchas de las historias bizarras.

A los médicos británicos se les recomendó que ignoraran las proposiciones amorosas de sus pacientes después de que algunos se les declararan en Facebook, los legisladores holandeses fueron privados de poder 'twittear' en el Parlamento y en Canadá un parlamentario tuvo que disculparse por insultar a un rival en Twitter.

El Tribunal Supremo británico emitió su primera decisión vía Twitter para impedir que un usuario de la red suplantara a otro.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU envió mensajes de texto a refugiados iraquíes en Siria para que pudieran intercambiar recibos virtuales por comida en las tiendas locales. Un sondeo estadounidense halló que uno de cada cinco conductores leía o enviaba SMS al volante.

Mundo insólito

La gripe A supuso otro desafío, y una fuente rica en historias raras. En Egipto, miles de cerdos fueron sacrificados aunque Estados Unidos dijo que era un "verdadero error" porque la cepa no se había hallado en estos animales.

Un inventor creó un dispensador electrónico de agua bendita

A los seguidores de fútbol rusos se les pidió que bebieran whisky en un viaje a Gales para un partido clasificatorio para el Mundial, con el objeto de mantener alejado el virus H1N1. En Japón, se dejó de dar la mano. En Italia, un inventor creó un dispensador electrónico de agua bendita.

La expansión de nuevos medios metió a algunos en problemas, y varios ladrones holandeses fueron atrapados con la ayuda de las imágenes de la calle que facilita Google.

Un ratero británico envió una foto suya a un periódico porque el delincuente aseguraba que no se parecía al retrato robot de la policía. Una imagen de un estudiante orinando en un monumento en homenaje a los caídos en la guerra publicada en un periódico llevó a su procesamiento.

Un estudiante alemán que iba sin billete se metió en un lío que puso en peligro su vida. El joven puso el culo desnudo contra la ventana para enseñárselo al personal de la estación, pero casi muere al enganchársele el pantalón y ser arrastrado medio desnudo por el andén, hasta que alguien detuvo el tren cuando éste entraba ya en las vías.

En India, hubo una pelea en el aire entre pilotos y tripulación. En Estados Unidos, dos pilotos de Northwest se pasaron de su destino en 250 km y dijeron que perdieron la orientación cuando usaban sus portátiles en la cabina.

Un tribunal saudí condenó a un hombre a cinco años de cárcel y a un millar de latigazos por jactarse de sus proezas sexuales en televisión.

Los responsables australianos de las carreras de caballos fueron denunciados por organizar una competición con enanos. La competición implicaba a hombres que corrían por el circuito con enanos vestidos de jockey a sus espaldas.

El departamento turístico de París instó a los ciudadanos a poner algo de su parte para hacer frente a una caída del 17% en el número de visitantes: Sonrían, s'il vous plait.

En Noruega, las vacas felices mostraron ser más productivas. Desde que se introdujeron nuevas normas en 2004 para permitir que las vacas se relajaran hasta medio día en colchones mullidos, los responsables informaron de que los animales estaban produciendo más leche y tenían menos infecciones en las ubres.

Un colegio irlandés pidió a los niños que se llevaran el papel higiénico para que el centro pudiera ahorrar dinero, mientras que las autoridades cubanas dijeron que el país afrontaba una grave escasez de papel higiénico.

El cambio climático fue otro de los grandes temas de 2009. Para ahorrar agua y electricidad, el presidente venezolano, Hugo Chávez, pidió a la población que dejara de cantar en la ducha.

Quienes desearan ser incinerados pero estuvieran preocupados por la producción de gases de invernadero incluso después de muertos conocieron una funeraria de Florida que propuso una forma más ecológica de disolver el cadáver usando un proceso químico.


via Público.es

Friday, December 11, 2009

(la ventana del sueño)

Cuando me acosté, tras unas horas de intensa actividad matutina, no me había bañado. No había agua en casa. Otra vez.
No me había acostado, más bien estaba sentada, en posición zen, buscando el silencio interior: cayendo despierta.
Pasan minutos que parecen intensidades. Omití el desagrado de meterme a la cama con el olor a sudor despegándose de mi cuerpo. Los sudores nocturnos y los matutinos no huelen igual. Tampoco los sudores sexuales ni los febriles. Debería de existir una clasificación por sudores… en fin …
En esos instantes de sueño que no es sueño, minutos enteros dentro de los que pasan horas me encontré en mi departamento, buscando, también, en dónde bañarme. En el departamento dentro del sueño dentro del departamento no había agua tampoco.
Una habitación, con paredes color durazno, y una cama en la que se antoja aventarse, saltar, desnudarse y tenderse a todo lo largo, sola o acompañada. En anaqueles cosas mías, tesoros de los años que se habían perdido en mudanzas y olvidos.
El baño, gigantesco. Una tina blanca en la que podría nadar, o dentro de la que podría ser acompañada y sonrojada.
No entendía por qué nunca había usado esa habitación de mi casa. Ahí había estado siempre, con blusas de seda de colores y libros escogidos. Una estancia que resguardaba secretos y silencios.
Estaba a punto de salir para no volver, y voltee a ver la ventana.
Frente a la cama un ventanal que daba a una carretera muchos metros abajo. Pero de la ventana a la carretera de un solo carril, había mucho verde. Acostada en la cama se veía por el ventanal un horizonte verde y coches y camiones pasando a una velocidad floja, casi saludándome en la distancia.

En ese momento pensé en mis otras dos habitaciones, en las que anidaba desde hace varios años. Mi recamara, apretada, pequeña, abarrotada. Mi estudio, azul, lleno de libros, discos, papeles que papaloteaban para distraerme.
Sí, tendría que mudarme a esa habitación mayor y más cómoda. Ahí dormiría y en las dos pequeñas trabajaría.

¿Estoy usando menos de mi de lo que debería? ¿habito menos dentro de mí de lo que debería?
(¿Cómo no había visto esa estancia antes? ¿Estaba tan profundamente enterrada en mi inconsciente que para descubrirla precisaba caer despierta?)

Sunday, October 25, 2009

((( A conversation between Kelly A.K. and myself ))) (By LIily Robert-Foley)

Mexico City February 2009

Kelly and I lay on the floor surrounded by books.

“What question should we ask next?” Kelly asked, aware of the absurdity of her question, as though asking a question can only ever be preceded and followed by an infinite loop of questions about the question itself: “What is the question?” “What was the question?” “What is the answer to the question?” “What does the question mean?”

We had been asking questions about God, and existence, the nature of nature, the mind-body connection, problems of philosophical methodology, reflection, and language. But our limbs had fallen slowly to the ground like petals. I had not found the post office. We were becoming younger.

“Should I go back to the Marxist?”

“No…”

“No, I’m not asking you, I’m answering your question.”

She opened a book.

“Shall we ask Freud? Or perhaps Pessoa?”

“Pessoa,” I answered.

She leafed through the book

“To think about God is to disobey God,/Since God wanted us not to know him,/Which is why he didn’t reveal himself to us.”

“What does that mean?” Kelly and myself elegantly and imperceptibly becoming of one mind, a woman talking or thinking to herself.

“It means you are conflicted. That you are caught between two impossible halves of a division—like a Chinese finger trap. You cannot know God without betraying God, but you cannot know not to know God without first knowing him. Therefore you are in constant betrayal. There is no option that does not lead to betrayal.”

“Did I not know that already?”

“You can’t ask Pessoa these things. You want answers, you must go to someone who gives answers.”

“Who, like God?”

Kelly made a chiasmic facial gesture, raising her eyebrows and lowering, cocking her chin, her face splitting, breaking open, apart, like the earth, over time. An expression that indicates both possibility and direction.

She reached over to my copy of the English bible laid out next to the Spanish one on the coffee table amidst my drafts of translation.

“Dear God, please give this poor young woman the strength to make a choice in this most infuriating dilemma. Please guide her by giving her quick and easy answers so that she will not have to take responsibility for her own decisions.”

I grabbed the Spanish version off the table and threw it at her mouth, where her words had come out. She raised the English version just in time to block her face and the Spanish one collided with it mid-air, and fell to the floor, open faced, it’s onion skin pages curling and bending. Kelly laughing, the books scattered around us like the rests of a Bacchanal.

“Old Testament or New Testament?”

“Who cares, god is God, right?” Jubilation.

“And Joshua gave their land to the tribes of Israel as a possession according to their allotments.”

“What is that supposed to mean.?”

“No idea. Joshua sounds like a dick, though. Try the Spanish version.”

“El cadaver de Jezabel sera como un abono que se esparce y ni siquiera se podra decir: “Esta es Jezebal.”

“You opened to the part about Jezebel? Unbelievable.”

“Let’s see…” I rifled through my papers. “The cadaver of Jezebel will be like a dispersed interest payment and not even the most insignificant shit will be able to say, ‘this credit card statement is Jezebal’”

“Your Spanish is really crap, you know. How are you going to translate the bible if you don’t even speak Spanish?”

“Shut up, I’m working on it. Besides, it’s the language of God I’m translating, and God speaks directly to me.”

“You’re fucked up, you know?”

“What’s it to you? What does the New Standard Revised have?”

“Oh here it is, The English version says, ‘the corpse of Jezebel shall be like dung on the field in the territory of Jezreel, so that no one can say, This is Jezebel.”

“What are yout talking about? It’s practically the same as my translation.”

“Joshua and Jezebal sitting in a tree, k-i-s-s-i-n-g!”

“Oh shut up. I’m asking Bolano.”

“Bolano!”

“Bolano! Our saviour!”

“Oh shit, I opened to Cesaria Tinajera’s poem.”

“You know, sometimes I think 2666 is actually based on the bible. Like the Satanic Verses is based on the Koran. The Satanic Verses of Mexico.”

“There is no doubt that Mexico needs its copy of the Satanic Verses. There is also no doubt that we must do more to expose the tyranny of biblical dissemination in Mexico. That it was the most heinous of the weapons of the Conquest, and remains to this day the principal instrument of oppression, never ceases to astound me.”

“Perhaps Bolano was trying to do that.”

“Perhaps… but Bolano has his own dialectic—or his own dialogue, I suppose. Don’t you think? He would never construct such a simple allegory without destabilizing its structures of correspondance…”

“To think about God is to disobey God.”

“Don’t think about God!”

“Ah! I’m thining about him, I’m thinking about him!”

“Sinner! Sinner!”

And at that I lunged across the room and began to wrestle with Kelly the two of us sisters, locked in a linguistic battle over the truth of God. Our arms moving through each other’s, around each other’s bodys, our hands holding onto each other’s hair, our mouths in flight, two angels, the wandering interpretation of texts.

“Oh what’s this? This book of fairy tales opened all by itself! Let’s see what it says”

They unraveled and laid flat on their bellies on the cold tile floor.

“Close your eyes and point.”

“ ‘Go West in a week,’”

“Now that’s some advice I can follow.”

- transcribed (loosely based on reality) and posted by Lily.


(originally published in: http://greenlanternpress.wordpress.com/2009/10/25/a-conversation-between-kelly-a-k-and-myself/#comment-1880 )

Sunday, May 31, 2009

(mi ombligo)




, y una amiga me contó, hace años, que su abuela no tenía ombligo.
Y yo veo el mio, y sé que no tiene nombre mas que ombligo... y conozco un libro de un autor brasileño, Ziraldo, y hablaba del ombligo y de la relación que tenemos con el...

y el ring ring de los niños y su fascinación por un recoveco que parece no tener ningúna función post parto...

y la peluza que se alberga ahí en los hombres que se dicen ya hombrecitos...

y el paréntesis del cuerpo en medio del cuerpo...

sí, me gusta mi ombligo. Sé que no me juzga, y es extraño que una parte de nuestros cuerpos no nos juzgue, pero al mismo tiempo, el ombligo no es nuestro cuerpo. Mi ombligo no es mio. Es ombligo, y ya.
Mi ombligo es la gran compañía de los domingos, sé que se incha con las palomitas por el simple pretexto de saludarme, y cuando decide que ya no me quiere ver más, me giña el estómago y se esconde...


, y una amiga me contó, hace años, que su abuela no tenía ombligo.
Y ahora me pregunto, ¿cómo le hizo para almacenar su propia soledad y además cargar un estómago liso, sin cavernas ni laberintos?
¿cómo lidiar con el desasosiego de tu propia mirada en el espejo sin un ombligo para disculparse ante ti misma por tu poco entendimiento de quién eres?
Sí, hoy no sé qué sería de mi sin mi ombligo,
(y

también
me pregunto en voz baja, casi susurrandome a mi misma, si es la bocina de mi conciencia que se anunica desde mi eje de gravedad, y si es así, quizás la abuela de mi amiga vivio feliz sus noventa y tantos años sin su ombligo.) Quizás.

Saturday, May 16, 2009

las batallas del baño


(1 mayo - 16 mayo 2009)

Las batallas del baño (o un asesinato sin querer y un perdón empático)


Hace un mes le perdoné la vida a un alacrán y ayer asesiné a mi computadora. He tenido dos encuentros en el baño, o más bien, dos confrontaciones. El baño, esfera lúdica para echarse pedos a gusto, hacer atrocidades sin que nadie pueda decir nada al respecto, lugar para apapacharse y hacerse menjurjes en la cara y en el cuerpo, espacio en el que veo mi cara por la mañana y por la noche; no sé cómo sucedió, pero el baño se ha convertido en un campo de batalla.
Ayer asesiné a mi computadora.
Algunos dirán que no fue a propósito, que realmente no quise hacerlo, pero la verdad es que al ver el cadáver a mis pies, al ver la pantalla hecha pedazos como un espejo al que le echaron siete años de mala suerte, la intenté resucitar, le toqué todas las teclas, la acaricie, le dije palabras hermosas, le canté canciones de cuna.
Pero mis lagrimales parecieron caducos.
No exprimí ni una sola lágrima al ver el cadáver de mi bebé, la que era mi amante, mi eterna compañera de insomnios, malos humores y espacios creativos, la miré y no lloré.


Hace un mes un alacrán me picó el pie al entrar al baño; o más bien al entrar al baño pisé un alacrán el cual, al sentirse agredido por un pie tanto más grande que él, me picó. Levanté el pie para encontrar el alfiler que sentí penetrar en mi piel y al voltear la mirada hacia el piso encontré al culpable de mi dolor. No sé quién estaba más asustado.
Recuerdo no haber gritado. Si no hay nadie que pueda responder al grito, entrar para salvarte, poner el hombro para que llores o que te cargue para trasladarte a un sitio más seguro, la verdad es que no vale la pena desperdiciar un grito.
Lo vi y estoy segura de que mi mirada tenía respuesta.
No sé quién estaba más asustado.
No podía matarlo. Hace un año y más estaba en un hotel con una amiga, celebrando un aniversario de amistad y aprovechando para platicar durante días y horas; por la noche, antes de dormir, vi un alacrán. Lo mataron. Al día siguiente su compañero apareció. También lo asesinaron por el bien de nuestro sueño tranquilo. El sonido de sus cuerpo despedazado bajo la suela de un zapato, cómo tronaban y se deshacían aun me persigue en ciertas noches, y me arrepiento de tenerle tanto miedo a mi propio signo.
Hace un mes veía a un alacrán que estaba absolutamente aterrado sobre mi tapete de baño anaranjado y no sabía qué hacer mientras recordaba a sus familiares liquidados a causa de mi terror ante su cola y tenazas.
No lo podía matar, el asesinato de aquellos otros tanto tiempo antes me lo impedía (al igual que mi signo astrológico), y no podíamos convivir en casa. Soy solitaria por convicción y porque el nudismo me sienta bien.
Lo enrollé en el tapete de baño sobre el que estaba mientras me miraba y lo sacudí fuera de la ventana. Le recé a todos los santos en los que nunca he creído, a las vírgenes promiscuas y a las estrellas que leo a diario, que el pobre alacrancito del tamaño de la palma de mi mano supiera volar.
Sigo esperando a que su pareja me reclame las clases de vuelo a fuerzas, sigo esperando y observo el piso del baño. Ahora tiene un nuevo significado.
Asesiné, sin querer, a mi computadora, y le perdoné la vida a un alacrán negro que me fue a visitar.

El piso del baño tiene una silueta marcada con gis de cómo quedó el cadáver, y otra, dibujada en mi mente, de dónde perdoné una vida.

Saturday, April 25, 2009

en cuarentena


En cuarentena 26 de enero 2009 Escucha a Bob Dylan. Se pregunta cuál es la música más adecuada para una cuarentena, para dejar de ver a gente caminar, para ensimismarse todavía más. Se pregunta cuántas cuarentenas ha vivido antes sin saberlo, quizás, auto impuestas. Se acordaba de un amante, uno de los primeros que se atrevieron a tocar su cuerpo, y cómo cantaba ‘Tangled up in blues’ mientras le besaba el ombligo y se metía entre sus piernas. Las palabras se mezclaban con sus fluidos y entre sus gemidos y el que él estuviera descubriendo su sexo, las palabras salían entrecortadas desde el centro de la unión de sus piernas. Escucha a Bob Dylan en esta noche que lentamente se va convirtiendo en madrugada, una noche solitaria, una más en la que se irá a dormir sola. Una cuarentena de su mirada, atrapada por el espejo. Probablemente por eso prefiere café con leche y vodka, sabe mejor que no tener con quién hacer eco en la cama. Escribía poesía sobre su propia piel. Con un pincel, con un cincel, con su boca. Escucha a Bob Dylan y ve una noche más en la que la luna no ha iluminado aun ningún camino amarillo. La guitarra suena, la voz que quisiera que fuera suya. Ese amante la abandonó con las piernas abiertas y el corazón cerrado. Ese amante le cantaba a Bob Dylan mientras la seducía. Otros le han cantado otras historias, y al final, el cojín junto al suyo siempre amanece vacío de sueños. Hoy bebe vodka con café, leche y un toque de soledad que le abraza el corazón y le tranquiliza en su madrugada que pinta de noche. Hoy sonríe y escucha a Bob Dylan. Sabe que las palabras no son suyas pero que las letras siempre le pertenecerán. Su sonrisa vive en una cuarentena exigua dentro de la recreación que hace de su propia mente. Sabía que sus pensamientos realmente pertenecían a la esfera de los sueños, pero prefirió ignorarlo. Lo que ignoras siempre te remite a un éxtasis constante. Casi siempre. A veces. En esta noche escucha canciones que hace décadas no sonaban por su cuerpo. La voz la reconoce de pronto. Las letras las reconoce, tal vez. Quizás sea que nunca escuchó estas canciones. Quizás se está inventando una noche más para escribir, tomar café con leche y vodka y escuchar a un músico con el que nunca fantaseo en la cama. (Hace una lista de fantasías musicales, y escucha su silencio. )

Saturday, April 18, 2009

Un desierto en el refrigerador

14 de abril, 2009 - 18 de abril, 2009

(Para Row, y a veces, también para Ernestina)


La verdad era que aunque viviera constantemente dentro de un refrigerador, su boca siempre tenía la sensación de estar ahogándose con un algodón de azúcar morado y gigante en medio del desierto.
El día en el que tuvo que ponerse desodorante tres veces en cuatro horas, fue el cataclismo que tenía que suceder para que se mudara a un refrigerador.
No había manera de convencerlo de que fuera de esa caja metálica con olor a encerrado y zumbido constante existían otras maneras de no sudar.
Hasta el agua le daba miedo.
Quizás era la parte líquida del asunto, el que no pudiera asirla, el que se le escapara entre sus obscenas mentes cochambrosas. Quizás. (Y sí, el plural es como debe ser, no son dedazos sobre la letra que pluraliza las palabras; dentro de un ser así solamente podrían existir mentes que se acompañen, no una sola que juegue al eco dentro del cuestionamiento de la división entre mente y cuerpo).
El zumbido lo acompañaba mientras jugaba a un ajedrez litúrgico con las palpitaciones de sus sienes y sus tobillos. Escribía marometas en su descansar.
Lo que simplemente no podía concebir era su absoluta incapacidad de tocar un instrumento. Por eso se inventaba canciones que no tuvieran ni armonía ni sintonía, de esta manera no importaba qué nota le sacaba al cuerpo en cuestión (porque veía a los instrumentos como cuerpos, como personas), empataba con tal canción.
En la repisa donde deberían de ir las alcachofas y los jitomates tenía un saxofón demasiado agudo. En el anaquel dónde generalmente se acomodan los quesos y las carnes frías tenía un trombón que de tan pequeño parecía hecho a la medida para un enano. Donde estarían los yogures tenía un triangulo y dos platillos. Y en la puerta, donde los huevos se sienten más cómodos, una flauta transversa de latón, aunque debería de ser de plata.
A veces su cuerpo no le hacía mucho sentido, por lo que intentaba manipularlo de otra manera, (saltar con los codos, abanicarse con los dientes, ver por las narinas, caminar con la cintura) , y de esta manera, entre la confusión corporal y musical, salían estruendosos conciertos desde dentro de un refrigerador que se encontraba en un centro comercial al que nadie iba a comprar esos aparatos para mantener el frescor de todos los alimentos.
Una de los miedos más atroces de este personaje que aun no nombramos pero podríamos llamar Oster, eran los dedos de sus pies. Le aterraban los dedos de sus pies, o más bien, le aterraba la noción de que quizás mientras roncaba, alguien pudiera cambiárselos por otros. Así que al despertar, siempre con un aullido tremebundo para asegurarse de que sus cuerdas vocales seguían funcionando y para ser su propio auto despertador, revisaba sus pies. Alisando los pliegues del sueño y tirando las ensoñaciones, revisaba sus pies, bostezaba y cuestionaba una a una sus falanges. Les hacía preguntas que únicamente unos dedos que hubieran vivido con él toda la vida sabrían responder. Intentaba no llegar al punto de la tortura, pero a veces era absolutamente necesario, tenía que saber si eran suyos o si eran embusteros. Otras veces los pintaba de colores distintos (de dónde sacaba barniz de uñas dentro del refrigerador será un misterio que hasta la fecha no se ha podido resolver), y jugaba a que las diminutas uñas eran oráculos maravillosos en los que podía ver el futuro de la humanidad.
Habrá que aclarar en este momento que Oster no era humano, o por lo menos no en todo el sentido de su significado y su metafórica razón. Una vez había escuchado sobre un señor que una vez fue grillo y todo lo que esa metamorfosis conllevo, y decidió que él (si es que le podemos atribuir un género sexual definido), era una mariposa que una vez fue rana que alguna vez se convirtió en un delfín que se comió a la mariposa que era cuando deseaba ser almeja que creaba perlas traslucidas que explotaban como burbujas en el caparazón de una tortuga abandonada por el destino en un desierto que se había colado dentro de un refrigerador.
Era extraño ver, si es que alguien alguna vez lo vio, un almacén gigantesco al que nunca nadie entra, filas y filas de refrigeradores fuera de sus cajas, todos similares, pero de distintas formas y colores. Como un gran ejercito para luchar en contra de la podredumbre de los alimentos. Filas y filas de soldados innertes ante la inminencia de que no están conectados a la luz eléctrica. Todos menos uno. El de Oster era el único que sí servía, que tenía el eterno zumbido que Oster utilizaba como tortura contra los dedos de sus pies. Cómo lo conectó, quién lo conectó, por qué estaba conectado si “nadie” lo usaba, no son preguntas que se deben de hacer de noche porque alguien de una agencia gubernamental secreta podría escuchar esos pensamientos e intentar acabar con todos los globos que intentes inflar en tu vida.

(primera parte)

(( ))

( un paréntesis es un momento para respirar ) ( un paréntesis es un silencio para soñar ) ( un paréntesis es un espacio para estar )